Salgo de trabajar y caminando me he chocado con él.

Pocos paran para preguntarse

¿ qué es?

Los que lo hacen, creen que puede relacionarse con algún artista urbano que ha decidido hacer una exposición ” vintage” en la calle.

Pero un niño le tira del brazo a su madre y lee la chapa metálica que acompaña al objeto.

Me paro.

Detengo mi mirada y veo la belleza intrínseca que esconde.

Es un sencillo sillón de hospital, desgastado y bastante incómodo.

Pero si te sientas en él podrás viajar y reencontrarte con miles de historias grabadas en cada partícula del tejido que lo cubre.

Horas de insomnio vigilando sueños frágiles a punto de romperse y que se aferran a cumplirse contra viento y marea.

Lágrimas derramadas de impotencia, pero también de esperanza.

Cuentos a media voz y millones de “TE QUIERO” pronunciados mágicamente por unos super héroes maravillosos, padres que paran sus rutinas para concentrar toda su fuerza en sus niños y niñas.

Lecciones de vida entre vías, punciones, tac o mascarillas.

Ese sillón conoce muchas historias, horas de espera y otoños pasando las páginas del calendario para finalizar tratamientos o ciclos.

Ese sillón , a veces ocupado por profesores o voluntarios llenos de luz que derrochan una quimio muy especial y curativa: una mezcla de risas, juegos, bailes, clases…

Es, en definitiva, el sillón del amor Incondicional.

Pujemos por esta butaca para seguir pintando sonrisas a los niños

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